10 March 2010

MI CUENTA

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LA EVALUACIÓN   

 

Lic. Miriam Castañeda López. Pedagoga

 

Cuando se hace mención de la palabra evaluación siempre pensamos en una calificación, en un examen, en un número, en algo totalmente cuantitativo y dejamos a un lado los aspectos cualitativos, los cuales también son indispensables para realizar una evaluación que contemple los conocimientos, habilidades y actitudes del alumno, limitarnos sólo a lo cuantitativo implica  referirnos a una calificación numéricas, es decir, a la memorización, por lo que en estos momentos es necesario romper con esa estructura y evaluar de manera más global para lo  debemos considerar en la evaluación las tres áreas de conocimiento que nos marcan:

  1. Conceptual/declarativo
  2. Procedimental
  3. Actitudinal

Sólo con este esquema, contemplando las tres áreas, podemos hablar de una evaluación, es decir de un juicio sobre el desempeño integral del alumno;  de esta manera podemos decir que hay puntos de coincidencia con la propuesta de  Howard Gardner (1994) que nos dice en su teoría de las inteligencias múltiples,  que los seres humanos no aprendemos de la misma manera, que cada uno de nosotros tiene más habilidades para una u otra área, de acuerdo al entorno en que nos desarrollamos, estableciendo para ello las siguientes ocho inteligencias:

  1. Verbal-lingüística
  2. Lógico-matemática
  3. Musical
  4. Corporal – cinestésica
  5. Intrapersonal
  6. Interpersonal
  7. Naturalista
  8. Visual-espacial

La propuesta de Gardner apunta a una evaluación integral, pero haciendo la función del docente más compleja, por el diseño de la metodología en el proceso de enseñanza – aprendizaje y del propio instrumento de evaluación.

Actualmente las necesidades sociales y educativas nos marcan la tendencia de evaluar por competencias, haciendo necesario no sólo evaluar la memorización que pueda tener el alumno sino la resolución de problemas o situaciones a las que se enfrenta a lo largo de la vida, por ello se hace mención que no sólo se requiere de conocimientos sino de habilidades y destrezas a aplicar en la práctica,  además de la actitud y la habilidad para poder seguir aprendiendo, de seguirse actualizando en este mundo globalizado.

Otra razón que avala evaluar de manera integral es la propuesta de Delors, que hace mención que la educación implica trabajar sobre cuatro pillares de la educación (Delors, 1997) que a la letra dicen:

“Aprender a conocer: supone en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento…

Aprender a hacer: estrechamente vinculado a la cuestión de la formación profesional: ¿cómo enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos y, al mismo tiempo, cómo adaptar la enseñanza al futuro mercado de trabajo, cuya evolución no es totalmente previsible?...

Aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás: - que se refiere específicamente al trabajo en equipo, al diálogo, a la interacción con el otro, a la capacidad de escucha, a la resolución de problemas en común.

Aprender a ser: es  conferir a todos los seres humanos la libertad de pensamiento, de juicio, de sentimientos y de imaginación – que les permita el crecimiento social, cultural y humano.”

 El buscar nuevas alternativas de evaluar de manera integral no solamente sería a partir de un pensamiento creativo del docente, si no también es responder a las transformaciones que a nivel mundial tiene actualmente la educación, y el optar por la propuesta de las tres áreas del conocimiento es por que ya se ha llevado a la práctica y arroja buenos resultados, al considerar los aspectos cualitativos y cuantitativos en la evaluación.

Por último, al evaluar desde esta propuesta responde a la necesidad del docente de evaluar de acuerdo a tres preguntas fundamentales:

 

 

De tal manera que al hablar de evaluación nos ubiquemos en espacios abiertos a la innovación y por lo tanto incluir actividades como: portafolio, rúbrica, proyecto, haciendo uso de problemas en la que el alumno debe de mostrar las competencias adquiridas. 

 


 
 
 

LA EDUCACIÓN Y LOS DOCENTES

Lic. Miriam Castañeda López

Pedagoga

 

La educación tiene un valor importante dentro de la sociedad; siendo “la educación pública el escalón de una escala de Jacob que no nos conduce al cielo, pero si a la preparación de ciudadanos libres, útiles, alfabetizados, mejor preparados para atender todas la opciones del trabajo nacional, desde la agricultura y las artesanías hasta la tecnología y la informática. La educación es el fundamento de la información y la formación, ambas son el motor de la transformación. Los tres factores deben cabalgar como una troika, al unísono; de lo contrario,  el ritmo se quiebra, la carrera se pierde y el descalabro es fatal,”[1]es decir, el hecho de participar, como docentes, en la formación  de futuros profesionales, nos  permite ejercer una influencia positiva, fomentar en los alumnos un pensamiento crítico, reflexivo que a su vez,  les permita ejercer profesionalmente con ética, con responsabilidad, transformar su entorno, el mundo que les rodea y de esa manera, asumir su rol social.

Es manifiesto que sin educación la sociedad no tendrá la facilidad de crear y re-crear, no tendrá por vía de sus individuos la preparación que se requiere para actuar en un mundo globalizado, en constante crecimiento y evolución. Por ello la importancia de definir a la “educación como un proceso que aspira a preparar a las generaciones nuevas para reemplazar a las adultas que, naturalmente, se van retirando de las funciones activas de la vida social. La educación realiza la conservación y la transmisión de la cultura pero también busca innovar, de acuerdo a las necesidades nuevas que surgen de cotidiano en la vida, a fin de asegurar su continuidad. Lo que se procura transmitir es el acervo funcional de la cultura, esto es, los valores y formas de comportamiento social de comprobada eficacia en la vida de una sociedad,”[2] para poder mantener el equilibrio de la sociedad, se trata de educar para ir perfeccionándola, para corregir los errores que existen, por ello hacemos mención que en las aulas, los docentes debemos hacer la vinculación entre la educación y la vida usando ejemplo reales, para generar en el alumno la reflexión sobre su entorno, para comprenderlo, apropiárselo y posteriormente modificarlo.

En ese sentido la educación tiene diversas funciones sociales; se plantea la transmisión de los conocimientos presentes a la nuevas generaciones por medio de un consenso social que designa lo que se debe transmitir, “En la historia de la educación encontramos que en sus orígenes, el hombre transmitió directamente sus conocimientos y experiencias a sus descendientes; así, la primera escuela fue la vida; se aprendía lo necesario para sobrevivir porque todavía los humanos estaban sometidos a la naturaleza”[3].  Actualmente hablamos de enseñar a relacionarse, a trabajar en equipo, a ser tolerante con el otro, por ello se sigue considerando a la educación como la base angular del conocimiento y que debe generarse de forma universal.

El estar involucrados en la educación, como profesionistas, como docentes es una responsabilidad, que debemos asumir con orgullo, profesionalismo y vocación, sabiendo que tener  en “nuestras manos” a un grupo de alumnos es un compromiso nada sencillo, pero que profesional y personalmente nos proporcionan satisfacciones, y también nos da la posibilidad de valorar la función que desarrollamos en nuestra sociedad siendo parte de un cambio, que, aunque en ocasiones no se visualice en lo macro, si generamos en los alumnos, es decir en lo micro,  cambios de actitudes y de conductas en las personas que finalmente nos permiten ver el logro de la educación que proporcionamos, dando cumplimiento a la finalidad que se nos encomienda dentro de la educación, que es el perfeccionamiento del sujeto, para que  adquieran la capacidad de reconocer sus errores, de corregirlos, de asumir las consecuencias de sus actos, y todo eso, lo proporciona la educación; una palabra de siete letras, que sueltas no nos dicen nada, pero juntas implican un gran compromiso que los docentes demos entendemos a la perfección,  involucrándonos, con vocación y responsabilidad.

Para concluir podemos definir a la educación  como un agente de cambio, de perfeccionamiento y mejora de la sociedad, en el cual, los docentes tenemos el gran compromiso de ejercer nuestra profesión con dignidad, profesionalismo y vocación, comprendiendo que lo que tenemos “en nuestras manos” son seres humanos, con diferentes formas de pensar, actuar, aprender y que todos ellos forman parte de una sociedad en crecimiento y perfección, alumnos en  la búsqueda de sus propias competencias, habilidades y actitudes, y que confían en la educación y el docente, para ayudarlo en esta búsqueda de perfección Por ello el profesor debe poseer sobre todo  ética, vocación y capacidad para escuchar a su discentes y, de igual manera tener claro el concepto de educación.


[1] Fuentes, Carlos (1997) Por un progreso incluyente. Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, México,. p. 61-68.

[2] Imideo, Nérici. (1990) Hacia una didáctica general dinámica. Editorial Kapeluza, Buenos Aires. P. 19

[3] Merani L., Alberto (1980) Educación y relaciones de poder. Editorial Grijalbo, México p18.